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Quién es Vladimir Putin, el presidente de Rusia: su relación con el fútbol y la importancia del Mundial

El mandatario, que atraviesa su cuarto mandato al frente del gobierno nacional,es una figura tan controvertida en Occidente como venerada en su país.

El video que armó la FIFA a 100 días del comienzo del Mundial 2018 muestra a glorias de los 32 países clasificados al certamen mientras hacen malabares aéreos con una pelota: una, dos, tres, cuatro, hasta que la cuenta llega a 90 y la escena se trasladan hacia el interior del palacio del Kremlin, donde Gianni Infantino y Vladimir Putin hacen los últimos diez toques con la Telstar 18. Ni siquiera la evidente edición de las imágenes logra disimular que el presidente de Rusia no tiene demasiada idea de cómo va eso de patear un balón: el mandatario del país que acogerá la 21° edición de la Copa del Mundo no es un gran fanático del fútbol.

Nacido en San Petersburgo hace 65 años -de los cuales ya lleva 14 al frente del gobierno-, Putin siempre tuvo una relación cercana al deporte, pero no con la pelota: lo suyo son las artes marciales. Desde los 14 años practica sambo (una disciplina de lucha creada en la Unión Soviética) y judo, en el cual es cinturón negro: “Toda mi vida adulta lo practiqué, me encanta tremendamente. Creo que es más que un deporte, es también es una filosofía en cierto modo”, aseguró alguna vez.

Pero, a pesar de su lejanía con el fútbol, el presidente ruso tiene bien clara cuál es la importancia del deporte más popular del planeta. Empezó a comprobarlo a través de Zenit -el club más popular de la ciudad en la que nació-, aunque no por una cuestión afectiva, sino de negocios: durante su segunda presidencia, en 2005, la compañía Gazprom compró el club con el objetivo de catapultarlo a los primeros planos de Europa. La empresa, que tuvo un crecimiento meteórico desde la llegada de Putin al gobierno hasta convertirse en la más importante del país, tiene caracter privado, pero está íntimamente ligada al Kremlin. 

En la era Gazprom, Zenit invirtió cifras mutlimillonarias para contratar jugadores (la temporada pasada gastó mucho dinero en contratar cinco argentinos) y hasta construyó un nuevo estadio, lo que muchas veces desvió las miradas hacia el presidente: en 2012, luego de que el club gastara 100 millones de euros para comprar al brasileño Hulk y al belga Axel Witsel, el mandatario salió a recordar que “son las empresas las que compran a los jugadores, no el gobierno”.

Cuatro años después de su primer acercamiento al mundo de la pelota, Putin decidió impulsar personalmente la candidatura del gigante eurasiático para organizar el Mundial 2018: en mayo de 2009, cuando era el Primer Ministro de la gestión que encabezaba Dimitri Medvédev (la Constitución Nacional impide más de dos mandatos consecutivos de una misma persona, por lo que en 2008 no había podido ser candidato tras imponerse en las elecciones de 2000 y 2004), Putin le ordenó al ministro de Deportes Vitaly Mutko que preparase la candidatura. Y el 2 de diciembre de 2010 estuvo presente en Zúrich cuando se realizó la todavía sospechada votación en la que también se le adjudicó el Mundial 2022 a Qatar.

El presidente sabe que durante un mes los ojos del planeta estarán depositados en Rusia y quiere aprovecharlo para mostrar una imagen diferente a la que los medios occidentales suelen mostrar de él y su gobierno, la de un hombre de hierro que maneja el país con mano dura y no tiene pruritos para acallar cualquier oposición interna que surja. Por eso, si bien no hay cifras oficiales de los gastos, nadie duda en que esta Copa del Mundo será la más costosa de la historia: según estimaciones, el gasto asciende hasta los 19 mil millones de euros. En su país, sin embargo, no tiene nada por demostrar: en las elecciones que se realizaron en marzo de este año, Putin ganó las elecciones para su cuarto mandato al frente del país con casi el 77% de los votos. 

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